domingo, 14 de abril de 2013

Casas Ibáñez dos mil trece, agárramela que me crece.

Injustamente, me parece a mí, un sinfín de atletas, atletoides y trotéitors, han puesto a parir la carrera de ayer. Se sabía de antemano que habían cambiado el recorrido, y se ve que algún pardillo pensó que para que fuera más fácil.... ¡¡ ja !!

Mi error fue irme a pasar la mañana al paraje de Las Mariquillas, donde nos quedamos mi mujer y yo a comer con las chiquillas y unos amigos y sus respectivas chiquillas. Evidentemente me hidraté pero no de agua, más bien de cerveza y vino, y no comí pasta ni hidrato alguno, sino más bien magra con tomate, pistachos y snacks salados varios. Por lo menos me vinieron a buscar para llevarme a la carrera antes de los yintónis.


Por lo demás, acerté. Salí muy reservón no como algún descerebrado que luego se quejaba de la cuesta que si es muy dura, que si se sube más rápido andando, que si los que suben corriendo 'sus váis a arrepentir', ¡¡anda irse a tomar porculo, gilipollas!!. Eso sí, a la ida (ida hacia el río y sus cuestas), el sol caía como si lo tiraran con barreños y encima el aire soplaba de espaldas, con lo que el bochorno era terrible y el olor a humanidad que expelían algunos, repugnante.

Por suerte o por desgracia llegamos al borde de la enorme cicatriz que deja el Cabriel en la meseta de la Manchuela, bajando en dirección hacia el río por la cuesta de La Tola (el sitio por el que se subía en años anteriores), para ir buscando siempre la derecha, aguas abajo en el sentido teórico de avance del río, hasta toparnos con la subida de nuevo a la meseta. Pero esta vez tuvieron a bien hacernos descubrir la ínclita y maravillosa cuesta del paraje de El Seco, un muro de unos 2200 m de longitud, incluyendo los dos 'avisos' de la parte baja (de los que amablemente nos avisó Gelen, con la que compartí unos metros), con un desnivel de unos 140 (nota técnica: la cuesta de La Tola que se ha subido otros años tiene unos 1100 m de longitud y 85 m de desnivel, es decir, más inclinada pero más corta). Ahora bien, con la nueva Ley de Costas el próximo año es posible que nos bajen totalmente al rio y que lo tengamos que cruzar cual ñúes en migración por el Serengeti.

Allí seguí el culo el rastro de Rodrigo de Don Quijote a quien, si bien la semana pasada puse a caer de un guindo, hoy tengo que reconocer que fue la única persona a la que vi, junto con un servidor, completar la cuesta entera sin detenerse a caminar. Quizá viniera alguno por detrás que hicera lo propio cosa que dudo dada la enorme cantidad de pusilánimes que adelantamos pero hasta donde me alcanzó la vista por delante fue el único.

Al llegar arriba dicen que había un avituallamiento con dátiles, barritas de muesli, isotónica y agua (que al parecer se quedó corta para los más minuciosos en la observación paisajística lentos), pero yo apenas si vi los isostáres. Por lo demás como si hubieran puesto polvorones. Aun estábamos en el km 10 y quedaban 5 larguísimos y angustiosos km hasta volver al pueblo, así que me lo tomé con mucha calma y filosofía. Por suerte una ligera brisa empezó a soplar de frente lo que evitó que tuviésemos que reptar como unas serpientes. Porque el más cabrón que amable de JuanRa no me daba tregua y eso que el domingo anterior corrió el Maratón de París.

Soy aficionado a los Buff pañuelos tubulares confeccionados con tela fina y ligeramente elástica, pero mira que creo que éste que me entró en la bolsa no me pega mucho (dejarélo para el día que me ponga una camiseta azul).

Finalmente, entramos al pueblo por uno de sus lugares más característicos (el cementerio), y (no me preguntéis por qué) es cuando más suelto y ligero me sentí y pude apretar ligeramente, dando caza a algún ilustre veterano que a punto estuvo de mojarnos la oreja y que por muy ilustre veterano que sea, te toca las narices que te gane.

El tiempo en meta es lo de menos, 1:20:30 o algo así, a ritmo de 5:22 que no está mal para el penaero generalizado del personal y mi nula preparación física y mental durante el día. La carrera en general bien organizada; dicen que faltó agua y que algunos tramos del camino estaban pavimentados con cascotes compuestos por tazas del váter, que no había ambulancia en meta, que los miembros y miembras del club no se implicaron y dejaron toda la responsabilidad de la merendola de meta en manos de la Asociación de Amas de Casa, pero yo creo que todo es falso (salvo alguna cosa).

Creo que iré a Valdeganga, aunque aún no lo tengo claro. Si no, la próxima parada será en el II Medio Maratón de Águilas, el 27 de abril.

Gracias por estar ahí.
De nada por estar aquí.

Salu2.

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